martes, 29 de septiembre de 2015

Y entre tanto ruido encontré una dulce melodía.



De entre todos los anhelos el mismo de no anhelar, de no necesitar, de completarse uno del todo es una trampa codiciosa y malvada, pues de alguna manera en esta vida aun pudiendo transcender sólo podemos elevarnos pero no flotar y todo finalmente se reduce a eso, a rayos de luz que se escapan por entre las nubes.

Entre tanto ruido diario, entre tanta monotonía sigue manteniéndose oculta y certera la belleza de la cosas. Uno puede intentar mantenerse atento para intentar descubrirla, mantener incluso una actitud activa, curiosa, despierta...pero francamente tarde o temprano fracasará en la intentona y caerá abatido ante el acople sonoro de realidad y cotidianidad.

El entumecimiento, no es tan malo como parece a primera vista, sino que es condición esencial. Estar adormilado, tener los sentidos embotados, es una cualidad mas que necesaria para ser sorprendido por la belleza, por la vida misma. Como cuando tener hambre es necesario para disfrutar de la comida o como cuando el dolor muchas veces es necesario para sentirse y saberse vivo.

Creo que todo esto se debe a que de alguna manera no podemos estar 24h/7d face to face con el mundo que nos rodea. Nuestra puerta de entrada a esta realidad es a través de la estrechez de nuestros ojos. Un minúsculo agujero por el que se cuela gota a gota la realidad. Todo un océano que necesita ser divido en diminutas partículas a fin de conocerlo. Así a pequeñas cucharaditas, lo vamos digiriendo pero con la maldición de que solo la primera de ellas es la mas sabrosa, el resto van poco a poco perdiendo sabor, volviéndose incluso insípidas.

Por ello busco reivindicar ante una actitud cada vez mas proactiva y procastinadora propia del hommo urbanitas, otra nueva, contraria, paradójica y es la siguiente...dejarse sorprender.

La dulzura, la belleza, la gratuidad de todo lo bueno en esta vida son inversamente proporcionales a su intento de búsqueda. Contradicción o acto de rebeldía, llámese como se quiera pero lo verdadero o esencial es gratuito, lo honesto se da con el corazón abierto y la belleza necesita disfrazarse de incógnito en muchos momentos para luego sorprendernos a la vuelta de la esquina. De la misma forma en que descubrimos a otros en nosotros, nosotros lo hacemos en ellos, así como por arte de magia. 

Está actitud es una buena manera de sumergirse en el día a día y quizás si tenemos suerte o un chispazo de luz mientras volvemos a casa después del curro o de la universidad, llueva o este despejado, haga frío o calor podamos, a través de nuestros ojos, disfrutar el delicioso contraste  entre la pequeñez de los siglos y la magnitud  de los segundos.


2 comentarios:

  1. Y ese despertar del entumecimiento es aún más bello... como un chasquido de dedos al recordar algo importante...

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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