domingo, 18 de diciembre de 2016

Escondida en una sonrisa



Se escondía detrás de una sonrisa. Se escondía tras toda una serie de ideas, se escondía tras un falsa apariencia de tranquilidad mientras todo su mundo interior de tambaleaba ante la sola idea de una certeza absoluta: su equivocada concepción del mundo, de la realidad que la rodeaba.

Mantenia esa sonrisa, cuando tenia ganas de acurrucarse y llorar.

En su fuero interno había sido consciente de manera progresiva de que las piezas de aquel puzzle no estaban encajando, que ignorarlo solo estaba sirviendo para seguir haciéndola prisionera de una esperanza irrealizable, no por imposible sino por mentirosa.

Veía a la gente a su alrededor participar de esa pantomima. Todos entraban sin seguir un orden en aquel edificio. Se sentaban unos inquietos, otros aburridos, la gran mayoría por imperativo legal. Algunos comulgaban en su fuero interno con ella, pero se hallaban simple y llanamente demasiado cómodos con el actual estado de las cosas y no querían dejarlo. Ella por su parte había pasado de repugnarlos a simplemente mirarlos sin condescendencia, solo sintiendo una absoluta indiferencia. Decidió que aquello no la llenaba más, estaba harta, pero seguía sonriendo.

Todos en aquel edifico profesaban el mismo credo, "profesaban" porque se lo sabían de memoria, actuaban conforme a el, pero sólo se trataba de una fiesta de disfraces, la estética por la mera estética.

Ese traje les servia para proteger su aparente tranquilidad, su status quo, su posición. En cuanto algo se entrometía en esa seguridad toda la retahíla de frases aprendidas se olvidaban o se retorcían,  para así dar cabida a respuestas primitivas ante el miedo.

Ella no quería seguir participando de aquella escena aparentemente animada pero realmente muerta, decadente.  No era consciente de la decisión que estaba tomando, al menos en toda su extensión. Si fue consciente de que aquella escena no iba con ella. Que estaba hecha para vivir sin miedo, para vivir una realidad propia, no adocenada, no limitada o coartada por aquellos principios malinterpretados y mal vividos. Era consciente de todo ello mientras continuaba sonriendo.


sábado, 17 de diciembre de 2016

Unicidad



-Yo tenía un hijo que corría todo el día: de arriba abajo, incluso me pedía que lo cronometrara. No paraba quieto, y...

Escuchaba la historia de aquel adulto, en lo que parecía su único recuerdo filial. Alguna vez la pregunté si no tenía más recuerdos, entonces me miraba y medio sonreía de manera triste, a continuación  seguía conversando sobre algún tema baladí.

Yo me quedaba pensativo. Me atrevía a analizar y pensar que la vida tiene esas formas de cruel ironía. Me imaginé a su padre, ante la misma situación, ante la misma pregunta. Y el resultado era el siguiente. Probablemente su padre, no sabría ni que contestar, dejando aquel  adulto-niño aún más huérfano. 

Aquel intentó ser amado y no lo consiguió. Intentó entonces amar sin poseer ni las herramientas  ni el ejemplo adecuado y tampoco lo consiguió, y al fin la torpeza y los quehaceres de la vida le descubrieron su soledad mas intima. Aquello que siempre lo había atenazado con una congoja enorme, aquel miedo aparecía así de expresivo en ese instante. El temor a no ser amado, a no ser deseado, a que su unicidad se desvaneciera sin ser compartida, sin dar frutos.

Así un numero tan grande de seres humanos, no amados y no amantes se extendía en mi imaginación.

Me mantuve dubitativo, esa realidad está presente en mi mismo. ¿Seré capaz de romper la cadena, de desafiar al destino?